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Estas imágenes pertenecen al proceso creativo del final de Sofía, mi compañera de piso. Algunas muestran escenas alternativas; otras capturan pequeños momentos que ayudaron a construir la historia, aunque finalmente no aparecieron en el relato.

Quizá completen aquello que solo se insinuó entre líneas. O quizá despierten una interpretación diferente. En cualquier caso, preferimos dejarlas aquí para que seas tú quien termine de darles significado con tu propia imaginación.

Norma ya no era una extraña en los momentos compartidos por sus dos compañeros de piso. Algo en su manera de mirarlos había cambiado.

Desde aquella tarde, revisar aquellas imágenes se convirtió en un pequeño ritual al final de cada jornada. Ya no las observaba con la misma mirada; en ellas encontraba una calma y una cercanía que nunca habría imaginado.

Norma empezaba a hacerse más presente en casa. Poco a poco, las conversaciones espontáneas y los pequeños momentos compartidos con Sofía y Gabriel dejaban de parecer una excepción para convertirse en parte de la rutina.

Parecía que Norma y Gabriel habían encontrado, por fin, ese momento a solas que ambos necesitaban. La tranquilidad del piso, la confianza que poco a poco había ido creciendo entre ellos y la atmósfera de aquella tarde los invitaban a dejarse llevar, sin prisas, por aquello que el momento decidiera ofrecerles.

El límite entre la razón y la imaginación se desvanecía lentamente. Aquel abrazo no buscaba retenerla, sino invitarla a quedarse. La noche apenas comenzaba, y ambos sabían que el tiempo ya no tenía prisa.

Aquel fue su último gesto de prudencia. Aunque sabía que estaban solos, su naturaleza reservada le impedía dejar nada al azar. Cerró la puerta con calma, como si ese sencillo movimiento le permitiera abandonar la inseguridad y entregarse, por fin, a la tranquilidad del momento.

Tras una semana de insomnio y continuas jaquecas, había decidido concederse un respiro. Sin embargo, aquel pequeño desorden no encajaba con la calma habitual del piso. Dos vasos. Una marca de labial. Bastó ese detalle para que una pregunta empezara a abrirse paso en su mente: ¿Qué estaba sucediendo mientras ella no estaba?

Sofía había descubierto quién estaba al otro lado de la puerta. No llamó. No interrumpió. Tampoco alzó la voz. Mientras regresaba lentamente por el pasillo, una tras otra, volvieron a su memoria las imágenes de los tres compartiendo la sala de estar, riendo y picoteando algo como si nada pudiera alterar aquella aparente normalidad. Ahora, cada uno de aquellos recuerdos adquiría un significado distinto.

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Has recorrido las escenas que quedaron fuera de la versión final y has conocido un poco más del universo de esta historia.

Ahora te invito a regresar al relato principal. Quizá, después de ver estas imágenes, algunos momentos cobren un significado diferente.Volver a «Sofía, mi compañera de piso»

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