Hay silencios que duran unos segundos y otros que parecen eternos. Después de aquella noche, Sofía sigue siendo mi compañera de piso, pero algo había cambiado. Las conversaciones se hicieron más cortas, las miradas más difíciles de sostener y la normalidad empezó a parecer una actuación.
Durante dos días de silencio intentamos ignorar lo sucedido.
La dulce velada en su habitación transcurrió de manera romántica, besos en el cuello, caricias por todas las partes de su cuerpo, placer inacabable entre nosotros, un goce total por la manera que ambos dejamos liberar las tensiones de nuestros convulsos cuerpos al finalizar.
Recostados, el silencio nos mantenía unidos, mis manos jugaban suave por su vientre, la satisfacción en su rostro elevaba mi orgullo, no hacía falta decir nada, lo poco que podríamos decir sería una cruda irrealidad. Habíamos encajado esta aventura de manera casual, el roce hace el cariño y de ahí a terminar en alguna cama, solo era cuestión de tiempo.
Ahora no sabía cómo reaccionar, ya había pasado la tensión del momento, me preguntaba a mí mismo, ahora que le digo; ¿Somos pareja?… ¿Qué somos ahora? Y lo que más me distraía era saber si lo volveríamos a repetir.
No estábamos claros, o al menos de mi parte.

¿Te vas a duchar? —Preguntó Sofía, rompiendo el silencio en aquella habitación.
Si —respondí de manera automática.
Y salí de ahí, sin decir ninguna palabra.
Las nueve y algo se sintieron al abrirse la puerta principal, Sofía y yo estábamos cada uno en su habitación, como dos pequeños, evitando hacer ruido para que nadie sintiera nuestras presencias.
Por la mañana salí como de costumbre, la misma hora y casi la misma rutina mecánica.
10:15 a.m. / Gabriel, estas ocupado? Necesito hablar contigo.
—Este mensaje lo vi pasadas las 11 a.m.
Mi día transcurrió con la habitualidad de la jornada laboral. Al llegar al piso, me encontré con Sofía, —creo que bajaba para hacer algunas compras. Un hola y adiós sello aquel momento, pensé durante un momento en lo que disfrutaba antes al volver a casa y lo frio que fue este encuentro.
Por fin, mi camita, antes me daría una ducha reparadora, ahora solo quería recobrar fuerzas y energías, las que perdí la noche anterior y esta mañana.
El mensaje!! Joder, lo había olvidado por completo:
Hola Norma, disculpa lo olvidé, dime que pasó.
Tranquilo, olvídalo. —recibí como respuesta.
Al volver Sofía de la compra, me saludo de manera más cercana, no con un beso en los labios pero si de manera más cómplice, pensé que deberíamos de hablar sobre lo sucedido la noche anterior, mientras más pronto, mejor sería para mantener la relación, o lo que surja.
Por la tarde, Sofía descansaba en su habitación. Norma merodeaba por la sala, libraba y su cara no daba luces de intentar hacerle alguna broma, hola Gabriel, —antes me decía gabi.
No quise preocuparme de mas, acaso la cámara sobre el librero tendría algo que ver, fui de inmediato e intente mirar si seguía ahí, ¡Ya no estaba!
Un hondo respiro paro en seco todas las intenciones o preguntas que abrían en aquel momento, ¿será por eso su actitud? Joder, lo vio todo y esta cabreada por lo que sucedió en el sofá. Lo peor de todo es que debía de contárselo a Sofía.
Va que marrón en el que nos metimos, de momento solo lo sabe Norma. Y si la encaro directamente, mejor espero y hablo con Sofía antes de hacer nada.
Dos días de silencio, se palpaba la tensión.
Sofía no salía de su habitación, Norma no permanecía en el salón largas horas como de costumbre, yo intentaba estar lo más mínimo en la cocina, pero siempre expectante por quien apareciese de improviso buscando algo de la nevera.
Tarde ya por la noche; WhatsApp — Sofía y Gabriel
Sofía💖:
Gabriel… ¿has hablado con Norma?

—No. ¿Por qué?
Sofía💖:
Ah, es que… está rara.
—¿Rara cómo?
Sofía💖:
No sé… distante. Como si supiera algo.
—Sofía, dime qué pasó exactamente. —Pensé en la cámara.
Sofía💖:
Nada “grave”… es que encontró algo.
—¿Qué es “algo”?
Sofía💖:
Lo del sofá.
—Explícate.
Sofía💖:
Me dejé las bragas ahí. Sin querer. Las de la noche aquella. Las vio.
—joder, en serio?
Sofía💖:
Me las devolvió. No dijo mucho. Pero me miro raro.
—Normal.
Sofía💖:
Le dije que no eran mías.
—Y de quién dijiste que eran?
Sofía💖:
Que podían ser de alguien con quien tú hubieras estado.
—¿Estás de broma?
Sofía💖:
Gabriel, escucha.
Sofía💖:
No podía dejar que esto se convirtiera en un problema mayor.
—Ya es un problema.
Sofía💖:
Es por la fianza.
—Si claro, venga.
Sofía💖:
No puedo perderla.
—Y yo qué tengo que ver en esto?
Sofía💖:
Nada… y todo.
—Eso no tiene sentido.
Sofía💖:
Norma me dijo que si esto me vuelve a pasar… habrían consecuencias.
—Qué consecuencias?
Sofía💖:
Lo que te acabo de decir.
—insinúas que no es la primera vez…
Sofía💖:
No importa, pero contigo es diferente.

—¿Perdón?
Sofía💖:
Te escucha más a ti.
—No empieces.
Sofía💖:
No estoy empezando nada.
Sofía💖:
Solo te digo que si hablas con ella, esto se enfría.
—Eso es lo que quieres?
Sofía💖:
Solo quiero arreglarlo.
—Suena más a que quieres solucionar tu problema.
Sofía💖:
También.
—al menos eres honesta, gracias.
Sofía💖:
Gabriel…
Sofía💖:
Le dije que podrías “hablar con ella”
—¿Y qué significa “hablar”?
Sofía💖:
No lo sé exactamente.
Sofía💖:
Pero ella también lo dejó caer.
—Qué dejó caer?
Sofía💖:
Que quizá… sería mejor que lo hablaran en persona.
—Sofía, esto no me gusta.
Sofía💖:
Lo sé.
Sofía💖:
Pero es lo que hay ahora mismo.
Sofía💖:
Y el viernes se va de vacaciones.
Sofía💖:
Así que, tienes dos días.
—Siempre hay una cuenta atrás contigo.
Sofía💖:
No es una cuenta atrás.
Sofía💖:
Es una salida, que nos beneficia a los dos.
Hasta ese momento no era consciente de lo que sucedería más adelante. Visitarla en la noche, en su habitación, a Norma, me parecía una broma pesada que intentaba jugarme Sofía, pero había un dinero de por medio, tampoco era para tanto, solo ir y conversar, punto.
Llego el día indicado y antes de las nueve de la noche, hora que Sofía sale para el trabajo me la cruce en el pasillo, me miro con gracia, curiosamente antes, la vi asomada a mi habitación.

Qué raro pensé, pero tampoco repare mucho en ello. Esto parecía una secuencia de terror, el miedo paralizador antes de emprender el largo camino hacia el final del pasillo para hablar con la bruja.
Me sentía irritado, acalorado por la situación. Solo iría, tocaría y pediría disculpas, pero de qué, es que ni siquiera sé que voy a decirle.
Sofía💖:
Revisa tu mesita de noche.
—Mi mesita de noche?
Al mirar hacia ella, había una tira de preservativos.
Link al Capitulo anterior: 👉 Sofía, mi compañera de piso. Parte I