Durante días estuve tentado de escribirle. No buscaba juzgarla. Intenté convencerme de que aquello no significaba nada. Pero cada vez que recordaba el teléfono sobre la mesa, la pantalla iluminándose sola y el nerviosismo de Valeria, volvía la misma pregunta: ¿qué ocultaba? Solo necesitaba entender cuál era el secreto de Valeria.
Aquella tarde no tenía nada que hacer. Pasaba el tiempo deslizando el dedo por las redes sociales sin prestar verdadera atención, hasta que abrí WhatsApp. Siempre había visto a Valeria de la misma manera. Pero si aquellas intuiciones terminaban siendo ciertas, sabía que la imagen que tenía de ella cambiaría para siempre.

La posibilidad de descubrir la verdad despertó un recuerdo imposible de apartar. Volví a verla entrando con el transportín entre las manos. Después volvió a mi cabeza la imagen de sus prendas en el cuarto de baño, el instante en el que mi imaginación empezó a construir una historia que, quizá, estaba más cerca de la realidad de lo que yo mismo quería admitir.
Hola ✔✔
Hola cariño como te va.
Bien. —me había quedado ahí, solo en eso.
Dime, en que puedo ayudarte?
Un compañero me dio tu número, pensé en escribirte.
Ah, un compañero, ya veo, ya veo corazón.
Cómo te llamas, no me dijo tu nombre.
Puedes llamarme Zara, que te ha dicho tu compañero, supongo que algo te habrá contado.
La verdad, me dijo que trabajabas muy bien.
Ja ja pues realizo varias cositas, dime que necesitas saber y te cuento.
Me habló de unos masajes. Supongo que podríamos empezar por ahí.
Mira, te voy a pasar un texto, léelo y ya me dices algo, vale.
Vale, entonces espero.
Sí corazón, dame un momento y te lo reenvío. A que te dedicas?
Estudio en la universidad y los fines de semana trabajo en un centro deportivo.
Listo ya lo tienes…
—Dejo un silencio que me inquieto, salió de línea.
Perdona cariño, entro una llamada. Lo viste?
Sí.
Cuando vengas, si te decides, dejaremos que todo fluya.
Caricias y masajes, besos también?
Ja ja ja puedo atenderte de la mejor manera, ven cuando quieras.
Lo intentaré, tengo 23 años, eso importa?.
No, claro que no.
Perdona!
Que cosa.
Nada, voy a leer esto y te escribo, vale.
No lo pienses tanto. A veces es mejor decidirse y ya.
Ok, el viernes como lo tienes?
Si me aseguras que vienes, te reservo una hora.
Vale, ahora te digo algo. Gracias
Leía el mensaje de arriba abajo y no podía creerlo, según esto era lo mismo que decía en los mensajes que vi en su móvil. Mis sospechas se iban aclarando, de momento no hablaba de sexo, en cierta manera me dejaba tranquilo, al menos nada apuntaba a aquello que mi imaginación había construido durante toda la semana.
Si esto era bueno o malo, no me importaba, yo solo pensaba en estar nuevamente ante su presencia, por obvias razones se llamaba: Zara, tu masajista sensual y atrevida.
Era viernes por la tarde. Le escribí para pedirle la ubicación exacta. Las seis me venían bien. La respuesta tardó tanto que estuve a punto de desistir. Un nudo en el estómago crecía con cada minuto de silencio. Solo esperaba un mensaje que me indicara qué hacer.
Hola!!
Hola cariño, todo bien.
Si, tendrás un hueco para mi esta tarde.
Uy que raro sonó eso. Ja ja ja
Oh lo siento, me refiero a una cita.
Si cariño, tranquilo, supuse que sería para eso.
—El silencio se alargó por más de 3 minutos.
Sigues ahí?
Sí, pero si no puedes me lo dices y ya será para otro momento.
No es eso. Cómo te viene a las 20 horas?
Bien, no tengo nada.
Pues vienes a esa hora entonces, te espero?
Sí, me das tu dirección por fa.
Ya la conoces, Javi.

Quedé sin palabras en aquel momento, ese comentario no me lo esperaba, me tumbé sobre la cama para aclarar lo que había sucedido.
Llegué a la hora acordada, nuevamente frente a su puerta, el pasillo casi a oscuras, el silencio en todo el edificio era envolvente, ningún grito, ningún ladrido, todo parecía estar dispuesto para ese momento, sequé mis manos, no quería que la humedad causara una mala impresión.
Al abrirse la puerta, la contemplé nuevamente, lucía radiante en un vestido corto color negro de encajes, no sabía si era de andar por la calle o una delicada lencería, sus labios de color rojo me sonrieron por no saber qué decir, sonreí otra vez, devolviendo el gesto.
Me cogió de las manos, en un rápido movimiento introductorio, —aquí hay mucho cotilla, dijo.
Ya dentro de la vivienda, me dio dos besos en las mejillas, apreté su cintura en un suave abrazo, me impregné del aroma de su cuerpo, quería sentirla.
Seguro que quieres quedarte. —me dijo suavemente al oído.
Segura que quieres dejarme entrar. —respondí.
Nos quedamos unos segundos en la entrada, todo lucía ordenado, veía el color de sus cabellos mezclarse con la suave luz del recibidor, el vestido de encaje le sentaba de maravilla, dibujaba más que bien su formado cuerpo, sus labios delineados tenían un fuego que mantenía encendida la chispa de este momento.
Me acompañas. —dijo con un tono que para mí era lo más sensual que había oído nunca.
Luces hermosa Valeria, o te digo Zara —se giró despacio dejando una sonrisa encantadora por encima de su hombro.
Fuimos hasta la cocina, sentíamos la garganta seca por toda la ansiedad que este encuentro nos había generado, agua para mí y coca cola con hielo para ella. Me quedé detrás de la barra, observándola, su figura irradiaba sensualidad en cada movimiento, sus gestos controlados y charla sobre mi último viaje, era lo que ambientaba este escenario.
Bebida en mano caminamos hacia el salón, me detuve un momento para dejar en claro que si debía irme, este era el momento para que me lo dijera, sus manos callaron mis labios, dejamos las bebidas sobre la mesa y caminamos hacia el interior del piso. Nos detuvimos frente a su habitación, ese camino evocó aquella última vez que pase rumbo al baño.
Ella delante y yo escoltándola, parecía todo dispuesto, todo estaba listo, pero mientras que no pasemos de aquella puerta, aun seguíamos fuera y cualquier cosa podría suceder. Su mano empujó suavemente mi espalda, dos pasos más y estábamos dentro de sus dominios.
Habían algunas preguntas que quería hacerle; ¿Cómo sabía que era yo?
¿Esperaba que le escribiera?
¿Por qué lo ha permitido?
¿Si este es su secreto, porque lo comparte conmigo?
¿Qué va a pasar después de que esa puerta se cierre?
Yo miraba hacia la cama de sábanas blancas, mientras mi mente divagada incrédula entre idea e idea.
Te pasa algo cariño. —Dijo ella mirándome a los ojos.
No, es que hay muchas preguntas que para mí no tienen respuesta.
Tranquilo, todo a su tiempo.
Ok, quiero que sepas que esto, lo que suceda, solo quedará para mí.
Confío en que así será.
Me dio un beso en los labios, caminó hasta la puerta, giró el seguro y apagó la luz.